El 30 de Junio de 1665, reinando
Felipe IV de la casa de Austria (el cual moriría tres meses después), dos
comisarios del Colegio de Médicos, Cirujanos y Boticarios de Huesca, llegaban a
Embún, con la misión de comprobar “la limpieza de
sangre” de un aspirante nacido en la localidad, que pretendía
ingresar en dicho Colegio, como médico.
Dichos enviados eran el doctor Diego
Joseph Pérez y el cirujano Juan de Lamarca, nombrados por dicho
colegio y la Cofradía de San Cosme y San Damián para el cometido indicado, y el
aspirante se llamaba Jussepe Pasqual, nacido en Embún y
residente en la ciudad de Huesca.
Desde la expulsión de los judíos
españoles que en 1492 no quisieron
convertirse al cristianismo, los que lo hicieron no tuvieron un momento de
respiro, por cuanto se legislaba constantemente restringiendo sus actividades
cuando no se les prohibía expresamente. Entre esas prohibiciones estaba la de
ejercer como médicos, y paralelamente la de estudiar para ello, lo que no evitó
que muchos judíos conversos, fueran los sanadores favoritos de la realeza y de
las altas capas sociales cristianas, incluyendo arzobispos y cardenales, en un
ejercicio de doble moral tan habitual en nuestro país.
Sin embargo, y a pesar de la
relajación en algunos momentos de la historia de dichas restrictivas normas, la
iglesia a través de la Santa Inquisición mantenía una férrea vigilancia
exigiendo de instituciones y cofradías el mantenimiento de los estatutos de
limpieza de sangre y obligando a la ratificación
de la veracidad de su ascendencia y la ausencia de raza y mácula mora, judía o
de penitenciado por la Santa Inquisición, en las personas y familia de
quienes querían acceder a determinadas profesiones, entre ellas la de médico.
Para ingresar en la Cofradía de
San Cosme y San Damián de Huesca, vinculada a los padres predicadores del
convento de Santo Domingo, además de pasar las pruebas de carácter profesional
cumpliendo los estatutos, era necesario superar la prueba de “limpieza de
sangre” que fundamentalmente se basaba en los testimonios que se recogían de
personas que pudieran conocer al aspirante y a su familia, lo que a veces
producía arbitrariedades basadas en la venganza, envidia o rencores.
Los médicos
enviados desde Huesca a Embún, reunieron a un grupo de habitantes del pueblo
para que dieran testimonio. El principal fue el de Miquel Pasqual, labrador y vecino de Embún, de 55 años, (por el
apellido tal vez emparentado con el aspirante) que dijo:
que no conocio a Miguel Pasqual
aguelo de dicho exponente pero que conocio a Sebastiana Gan aguela de dicho exponiente pero lo que sabe y puede
decir es que a oydo decir a otros sus mayores y mas antiguos ya difuntos que el
dicho miguel pasqual havia sido marido de la dicha Sebastiana Gan y este testigo la vio yr en habito de viuda y que el
llebarlo era por habersele muerto su marido miguel pasqual y dice que a oydo decir a sus antiguos que los dicho miguel pasqual y Sebastiana gan fueron marido y mujer legitimos
y por tales los tubieron y reputaron en dicho lugar, y hacian entre si vida
conyugal e maridable y que dicho matrimonio tuvieron en hijo suyo legitimo y
natural a Miguel george pasqual,
padre de dicho exponente al qual conocio bien este testigo por muchos años y
vio que la dicha Sebastiana Gan a
quien conocio este testigo como dicho tiene, lo crio y alimento y reputo por
hijo suyo y de dicho su marido”
“dixo que conoce a Miguel George Pasqual y Maria
Catarecha, padres de dicho exponiente y lo que sabe y puede decir es que el
dicho Jusepe Pasqual ha sido y es
hijo de los dichos Miguel George Pasqual
y por tal lo ha tenido y tiene este testigo”
“y que han sido y son cristianos viejos y
descendientes de tales, limpios de toda raza y macula de moros judios y
penitenciados por el santo oficio de la inquisicion en publico ni en secreto y
por tales han sido, fueron y son respectivamente tenidos y publica y comunmente
reputados de todos cuantos los conocieron”.
Junto a éste testigo, son
interrogados otros convocados y presentes que ratifican el primer testimonio.
Sus nombres son, Pablo Deyto (tal vez Eito),
Juan
Duran y Pedro Ferrandez.
Los testimonios se realizan en
presencia de Martin de Alegre , Justicia y Juez ordinario de Embún, y Pedro Joseph Pérez de Hecho,
notario. Son testigos Babil Navarro , subdiácono, y Anton
Pasqual, labrador, habitantes de dicho lugar de Embún.
Así pues, al menos por lo que
respecta a la “limpieza de sangre”, parece ser que fue prueba superada y que
nuestro embunense ingresaría en la Cofradía oscense.
Este interesante documento, se
encuentra en el Archivo Histórico Provincial de Huesca, y ha sido recogido y
aportado por mi amigo Javier Regla, al que como siempre agradezco su valiosa
colaboración con éste blog.
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