Desde este blog se pretende difundir la historia, el arte, la cultura y la naturaleza de la villa y del valle de Echo, uno de los enclaves pirenaicos de Aragón, más hermosos y dinámicos. Su pasado, presente y futuro merecen la pena conocerse y compartirse. Con mi admiración , cariño y la mayor modestia.

lunes, 22 de noviembre de 2021

PARTE MILITAR CARLISTA DEL ATAQUE A LA VILLA DE ECHO EL 28 DE JUNIO DE 1834

 



Como he comentado en ocasiones anteriores, al referirse a los acontecimientos de la primera y cruenta guerra (in) civil carlista (1833-1839) y los hechos de la misma que tuvieron como escenario Aragón, la historiografía existente suele limitarse a los más relevantes, Cabrera y el Maestrazgo, la Expedición Real y la toma de Huesca, o la frustrada Cincomarzada en Zaragoza. Sin embargo  hubo otros episodios no menos relevantes sobre todo para aquellos que sufrieron los rigores del conflicto. Por ejemplo, para los habitantes de Echo, que el 27 de junio de 1834 vieron atacada su villa por el 3º Batallón de Voluntarios carlistas de Navarra como relaté en la entrada de diciembre de 2017 a la que se puede acceder desde el siguiente enlace: https://echosinhache.blogspot.com/2017/12/ano-1834-violentos-sucesos-en-echo-al.html

Los violentos  hechos sucedidos y narrados en la mencionada entrada tenían como fuente la prensa de la época, en concreto La Revista Española que en sus números del 6 y del 12 de julio de 1834 daba cumplida cuenta de lo sucedido tanto en el ataque como en los sucesos posteriores al ocupar la Villa desde el punto de vista isabelino y de las víctimas.

Ejemplar en el que figura el parte carlista

 

El mismo suceso, pero narrado desde el punto de vista de los atacantes, el parte militar oficial remitido por el brigadier Manuel Sarasa que mandaba las tropas carlistas que atacaron Echo  fechado el 3 de julio lo he encontrado publicado en el diario francés L' Occitanique con fecha 13 de julio de 1834. En mi opinión un documento excepcional que aporta datos muy interesantes y que es difícil de encontrar en los archivos convencionales. El texto está en francés, y pido disculpas por los errores que pueda haber cometido en su traducción. Dice lo siguiente:



EJÉRCITO DEL REY CARLOS V, NAVARRA

Boletín del 3 de julio de 1834.

La junta de gobierno recibió del Sr. comandante general el siguiente informe oficial, fechado ayer:
Comandante general de Navarra

Excelentísimo señor,

El jefe de la 2ª brigada de éste ejército, don Manuel Sarasa, me escribe desde Ochagabia , en fecha del 29 del mes último lo que sigue:

Conforme a las instrucciones de V.S. me puse en marcha con el 3º batallón para ir a Echo, en Arragon (Aragón). En la mañana del 27 partí de Esparza (Esparza de Salazar, a 36 kms de Garde) hacia la villa de Garde; di un momento de descanso a la tropa y reemprendí la marcha a las siete horas menos cuarto de la tarde; al inicio del día 28 me encontraba cerca de la dicha villa de Echo con mi batallón dividido en tres destacamentos . El primero, comandado por don Félix Ichaso, se dirigió con tres compañías por el vado del molino de Echo para tomar posición en la ermita de N.S. de Escabies (Escagüés), camino de Urdués; el segundo comandado por don Gabriel Laci, con dos compañías se colocó en el puente de la Torre, camino de Embún y con las tres compañías restantes me quedé con el comandante don Juan Zubiri, ayudante del Estado Mayor General , sobre las colinas cercanas a la villa, observando el movimiento de las fuerzas comandadas por Ichaso.

 Con el plan de ataque así dispuesto, avancé a medio tramo de fusil de mi tropa para examinar si Ichaso había pasado el río, y a fin de observar si el enemigo hacía algún movimiento: se distinguían ya los objetos a esa distancia. Había notado (que el enemigo) había formado en orden de batalla fuera de la villa, cerca de la ermita y entonces considerando que Ichaso no podía tardar en llegar sobre ése punto, hice avanzar a mis tres compañías. El enemigo vió en ése momento a la tropa de Ichaso y fue a tomar posición en las alturas de Espardinaleta, montaña de Oceras, camino de Jaca, desde donde comenzó el fuego , a lo que respondimos con vigor, siempre avanzando y al mismo tiempo ordenando a algunos hombres que se apoderaran de las alturas, para evitar la huida del enemigo.

En éste estado de cosas, ordené a las compañías avanzar sobre la villa. El enemigo se puso entonces en retirada a la desbandada. El destacamento de Ichaso cargó sobre él ; se defendieron un momento con la ayuda del desnivel del terreno y tomaron la dirección de Embún. Las compañías mandadas por el segundo comandante Laci , que se encontraban sobre el puente de la Torre, descendieron de los altos y cruzando el río por un vado se dirigieron contra el enemigo que huía disperso por el camino de Embún., dejando sobre el campo de batalla muertos y prisioneros; el resto se reunió en la montaña de la Loma de Accueba (de la Cueva); hice entonces cesar la persecución por inútil y habiendo reunido a los tres destacamentos del 6º batallón, le hice retornar a las Eras de Echo , donde me detuve un momento.

Todos los jefes, oficiales y soldados han cumplido con su deber en ésta jornada con un entusiasmo y un ardor extraordinario. La pérdida del enemigo han sido unos 30 muertos y 23 prisioneros, entre los que se encuentra el comandante del destacamento don Ramón Vélez-Frías del regimiento provincial de Burgos. Nosotros no hemos tenido muertos ni heridos por nuestra parte. Se ha encontrado sobre el campo de batalla un tambor, una corneta y algunos fusiles.

Las fuerzas del enemigo, que la voz pública me había hecho creer que era de 300 hombres de tropa, escopeteros o guardas urbanos (milicia) , era solamente de 150 hombres de los regimientos de Mallorca, 13 de línea y provincial de Burgos.

El pretendiente D. Carlos con Zumalacárregui



Leyendo el parte militar carlista se pueden extraer varias conclusiones. La más evidente es la de la desproporción de fuerzas, puesto que el batallón carlista facilmente podía llegar a tener entre 800 a 1000 soldados en 8 compañías , que solían ser de 100 hombres, frente a los 150 que defendían la villa y que fueron prácticamente arrollados. 

En segundo lugar, los oficiales citados, Manuel Sarasa, Félix Ichaso, Gabriel Laci y Juan  Zubiri resultan ser algunos de los más significados jefes del ejército carlista.

 Juan Manuel de Sarasa ya se había distinguido durante la Guerra de la Independencia a las órdenes de Espoz y Mina y su opinión fue determinante para nombrar a Zumalacárregui comandante general de los ejércitos carlistas navarros. En 1835 fue ascendido a general de brigada. No aceptó el Convenio de Vergara al finalizar la guerra y estuvo en el exilio en Francia durante 10 años, hasta que en 1849 se acogió a la amnistía concedida por Isabel II y volvió a España retirado de la vida militar y política falleciendo en Pamplona en 1856 a la edad de 71 años. 

Félix Ichaso que fue uno de los firmantes de la proclamación de Zumalacárregui en Estella, murió en combate apenas un mes después de los sucesos de Echo.

Gabriel Laci (o de Laci o Lacy) militar nacido en Alicante en 1802 fue uno de los militares que llevaron el féretro de Zumalacárregui al morir éste de una herida de bala en el sitio de Bilbao en 1835. Aceptó el Convenio de Vergara por lo que se integró en el Ejército de nuevo y llegó a ser nombrado gobernador militar de Castellón por Isabel II.

Gabriel de Laci en 1867

 

Juan Bernardo Zubiri, nacido en 1792 en Vizcarret (Navarra) participó en la Guerra de la Independencia y terminada la misma se retiró de la carrera militar hasta el levantamiento realista de 1822 contra el gobierno constitucional  en que se presentó ante la Junta Realista de Navarra con el grado de capitán participando en numerosos combates  siendo premiado por Fernando VII, el rey felón, con la Cruz de Fidelidad Militar. En 1833 se adhirió a la causa carlista siendo nombrado por Zumalacárregui comandante, y dándole el mando del 4º Batallón de Navarra. Su hoja de servicios incluye numerosas acciones incluyendo la de junio en Echo. Tras el Convenio de Vergara se exilió como Sarasa a Francia durante 10 años hasta que se acogió a la amnistía de 1849 y regresó a Navarra. Le fué revalidado su grado de brigadier así como todas sus condecoraciones. Falleció en 1866.

Juan Bernardo Zubiri



La lectura del parte militar carlista ofrece una visión parca y castrense de los hechos y destaca el valor y cumplimiento del deber de sus soldados. Lo que no dice dicho parte es lo que sucedió después tras la derrota y puesta en fuga de los pocos isabelinos que defendían el lugar. No menciona a los tres civiles asesinados (uno de ellos el administrador de la aduana de Siresa, Juan Brun) ni a los otros tres heridos, ni el saqueo de las casas , el robo de ganado, ni el secuestro de seis civiles para los que se pidió rescate entre los que estaba el médico de Echo, el secretario del Ayuntamiento, un estudiante y otros tres vecinos. No parecen estos hechos muy honorables ni que se necesitara mucho valor para agredir y robar a civiles desarmados. Pero así son las guerras y las (in) civiles más crueles todavía. De éstas sabemos mucho en nuestro país. Desgraciadamente. 
















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