Imagen recreada mediante IA
Tras la Revolución Gloriosa de 1868 en la que se expulsó a la reina Isabel II y a la dinastía de los Borbones (aunque siempre vuelven) España entró en lo que se denominó el Sexenio Democrático que abrió las puertas a profundas reformas económicas y sociales lideradas por un Gobierno Provisional que encabezado por el general Prim y por el general Serrano, consiguió con la Constitución de 1869 su mayor logro. Esta incluía una amplia declaración de derechos, libertad de cultos y el sufragio universal (aunque sólo masculino) para mayores de 25 años.
Al establecer un modelo de monarquía parlamentaria, hubo que buscar una nueva dinastía y un nuevo rey que sustituyera a la corrupta de los Borbones y a la inútil e ignorante reina Isabel II. El elegido fue el príncipe italiano Amadeo I de Saboya cuyo reinado fue breve 1871-1873, pues sin su principal valedor, el general Prim, asesinado justo antes de su llegada, la indiferencia popular, la Tercera Guerra Carlista y su falta de apoyos, le llevaron a abdicar en 1873 y ante la falta de alternativas, las Cortes proclamaron la Primera República Española el 11 de febrero de 1873.
Amadeo I de Saboya. Rey Constitucional de España
Esta nacería profundamente dividida y asediada por gravísimos problemas. Como declararía el líder republicano Emilio Castelar, último presidente de la misma : Señores, con Fernando VII murió la monarquía tradicional; con la fuga de Isabel II, la monarquía parlamentaria; con la renuncia de don Amadeo de Saboya, la monarquía democrática; nadie ha acabado con ella, ha muerto por sí misma; nadie trae la República, la traen todas las circunstancias, la trae una conjuración de la sociedad, de la naturaleza y de la Historia. Señores, saludémosla como el sol que se levanta por su propia fuerza en el cielo de nuestra Patria".

El nuevo régimen republicano, solamente duraría un año, pues en otra tradición muy española, un militar, el general Manuel Pavía, dio un golpe de estado, entrando con las tropas en el Congreso y disolviendo por la fuerza de las armas las Cortes, allanando de esa forma el camino para la Restauración borbónica.
La Restauración Borbónica, ideada por Antonio Cánovas del Castillo, fue un régimen basado en la monarquía constitucional (repuestos los borbones en la figura de Alfonso XII, hijo de Isabel II por expreso interés del general Martínez-Campos en su pronunciamiento en Sagunto) y un sistema bipartidista basado en la corrupción y el fraude electoral , el control de los caciques locales y la alternancia pacífica de dos partidos, el Partido Conservador, liderado por el mismo Cánovas y el Partido Liberal, por Práxedes Mateo Sagasta. Se anuló el sufragio universal que volvió a ser censitario y sólo podían votar las élites y los grandes contribuyentes.
Antonio Cánovas del Castillo
¿Qué fue de los republicanos en éste período?. Fueron duramente reprimidos durante la Restauración y tuvieron su larga travesía del desierto durante años. De haber obtenido en las elecciones de mayo de 1873 el 91% de los votos y 367 diputados, debido a la abstención solicitada por la oposición, pasaron a ser prácticamente irrelevantes, obteniendo eso sí, a pesar del perverso sistema ideado por Cánovas "para dar estabilidad" al gobierno y al país, representación en las Cortes aunque minoritaria y fraccionada.
Nada menos que en cuatro partidos y corrientes distintas se encontraba dividido el panorama republicano cuando llegó el año 1890:
Partido Republicano Progresista liderado por Manuel Ruiz Zorrilla ,que se mantendría en el exilio desde 1874 obligado por Cánovas, era el más radical e insurreccional, partidario de las conspiraciones civico-militares.
Partido Republicano Democrático Federal encabezado por Francisco Pi y Margall, que defendía un modelo de estado federal y laico priorizando la movilización social y la via parlamentaria.
Partido Republicano Centralista, liderado por Nicolás Salmerón, moderado y de centroizquierda que intentaba aglutinar a los distintos sectores republicanos.
Partido Demócrata Posibilista, dirigido por Emilio Castelar, que optó por una via legal colaborando indirectamente con la monarquía para conseguir la democratización del Estado.
Y con ese panorama, el gobierno de turno en 1890, el del Partido Liberal de Sagasta, decidió establecer de nuevo el sufragio universal masculino para mayores de 25 años y convocó elecciones a Cortes para 1891.
Ante ésta nueva situación, Enrique Pérez de Guzmán, Marqués de Santa Marta, que a pesar de sus orígenes aristocráticos fue un ferviente defensor de los ideales democráticos y más tarde de los republicanos decidió convocar a todas las corrientes republicanas, en un intento de unificar los esfuerzos y la unidad de acción frente a las elecciones convocadas. Pérez de Guzmán tenía una estrecha amistad con Pi y Margall.
Manuel Ruiz Zorrilla
La convocatoria se denominó Asamblea Nacional Republicana y se celebró en el Teatro Martín de Madrid. La fecha elegida fue totalmente simbólica, el 11 de febrero, conmemorando el aniversario de la proclamación de la Primera República de 1873.
A la reunión asistieron mayoritariamente delegados centralistas y progresistas, manteniéndose al margen los republicados de Pi y Margall y de Sagasta, lo que ya de por sí, hacía fracasar el principal interés de la convocatoria, que no obstante continuó su curso y debates.
Fue en la octava jornada cuando tuvo lugar el hecho que ha motivado éste texto en el blog. El delegado de los Valles de Ansó y de Hecho, tomaba la palabra para realizar una dura protesta. La primera noticia aparecía en la página 2 del diario liberal El Imparcial del 19 de febrero de 1890 y decía así:
ASAMBLEA NACIONAL REPUBLICANA
Octava Jornada
La de ayer tarde tuvo poca importancia y salvo algún que otro chispazo anunciador de borrascas, que fue disipado por la energía de la presidencia, no ocurrió nada que sea digno de especial mención.
Una cosa se observó en la sesión de ayer, que no era en verdad de extrañar dado el resultado de la sesión anterior: ni el Sr. Salmerón ni sus amigos asistieron a ella.
A las cuatro menos cuarto declaró abierta la sesión el Sr. Llano y Peral, discutiéndose los dictámenes de actas graves emitidos por la comisión respectiva, siendo aprobadas las de Lugo, Toledo y Soria y anulada la de Barcelona.
Terminada esta discusión, el Sr. Lorensanz (Es un claro error de denominación, pues el apellido correcto era Orensanz tal como aparece en las crónicas de otros periódicos y así lo seguiré transcribiendo) usó de la palabra para saber el paradero de las (actas) del Valle de Hecho y Ansó (Huesca) y de una carta que por medio de un empleado del Casino había enviado al señor marqués de Santa Marta en una de las últimas sesiones celebradas en el Liceo Rius.
El señor presidente (marqués de Santa Marta) declaró que no tenía conocimiento de los expresados documentos, sin duda por haberse extraviado.
El Sr. Orensanz : Siento que haya sucedido así, como dice el presidente, pues se ha privado de estar representados en la asamblea a los comités de los Valles de Hecho y Ansó.
Extraño, verdaderamente extraño es que se hayan extraviado esas actas, que yo me inclino a asegurar que han sido sustraídas de mala fe. (Rumores, protestas)
Una voz: ¿Por quién?
El Sr. Orensanz : No lo sé; pero el hecho es ese, y bien claro está. Eso es indigno. (Vuelven a reproducirse los rumores y las protestas).
No hablaré más. Yo, al hacer esa pregunta, lo he hecho para cumplir con mi conciencia y satisfacer en parte el encargo que se me había impuesto por los republicanos del Valle de Hecho y del de Ansó. Si estos días he callado lo he hecho por patriotismo.
El presidente: Sr. Orensanz, ruego a su señoría que mire las frases que pronuncia.
El Sr. Orensanz : Estoy a la disposición de la presidencia; pero esas actas, vuelvo a repetirlo, han sido sustraídas de mala fe. (Rumores).
El Sr. Ferrer: Voy a hablar como representante que soy por Huesca. En interés mío y en interés de mis compañeros de representación se impone el que se retiren esas frases que consideramos malévolamente lanzadas por el Sr. Orensanz, el cual podía muy bien haber acudido al terreno privado para pedirnos explicaciones. (Fuertes rumores. El presidente agita la campanilla para imponer silencio).
El Sr. Orensanz: Voy a rectificar frases pronunciadas por el Sr. Ferrer.
Ha dicho su señoría que podía haberme acercado a los representantes de Huesca a pedirles explicaciones en el terreno privado respecto del particular, y he de manifestar a su señoría que no tenía motivos para hacerlo así. Si los hubiera tenido, crea su señoría que yo siempre tengo suficiente valor para pedir explicaciones frente a frente a cualquiera. (Fuertes rumores)
El presidente interviene en este debate, que iba adquiriendo exageradísimas proporciones personales, logrando ponerle satisfactorio término.
El presidente: No quedando sobre la mesa otros asuntos de que tratar, y teniéndose que proceder al nombramiento del Directorio, creo que sería muy conveniente que los representantes celebraran una reunión previa a fin de meditar maduramente el caso y ponerse de acuerdo acerca de la mejor forma de hacer dicho nombramiento.
Después de hacer ciertas observaciones respecto al particular, los Sres. Martínez, Plá, Morán, Corona, Romero y otros varios representantes, acordóse que hoy, a las dos de la tarde, se constituya nuevamente la asamblea para proceder al nombramiento de los individuos que han de formar el Directorio.
La trifulca que tuvo lugar, no era por un problema menor. Estaba en juego la independencia de los comités de las distintas poblaciones respecto al centralismo de las organizaciones de las capitales, en éste caso la de Huesca y la desaparición de las actas implicaba que los votos y delegaciones de los republicanos de Hecho y Ansó no constarían a la hora de estructurar el organigrama de la nueva Coalición Republicana que salió de la Asamblea, ni para el reparto de poder en las futuras candidaturas de 1891.
Para calmar los ánimos de Orensanz, la Mesa de la Asamblea ordenó paralizar momentáneamente la ordenación de las delegaciones de esa sección y se nombró una comisión de urgencia para revisar el archivo de correspondencia y demás documentos, por comprobar si las actas se habían extraviado por puro desorden burocrático o si se trataba de una maniobra de exclusión de algún sector de la provincia.
Al no aparecer físicamente los documentos, se aplicó una fórmula de arbitraje basada en el principio de la buena fe y se dieron por válidas las actas desaparecidas gracias a las copias de salvaguarda que aportó Orensanz y los resúmenes de actas locales y justificantes que traía consigo, inscribiendo oficialmente el número de adheridos que el delegado certificaba.
En compensación por el agravio y para disipar cualquier duda de fraude centralista, los líderes naciones en Madrid pactaron con los representantes aragoneses que a los comités del distrito pirenaico (Ansó, Hecho y Jaca) , se les otorgaría una representación directa y blindada en la futura Junta Provincial de Huesca. Gracias a estos acuerdos, Orensanz aceptó retirar la protesta formal, salvando la frágil unidad de la Coalición Republicana.
A pesar de ello, el incidente fue resaltado y aprovechado por la prensa monárquica conservadora y la liberal para arremeter contra los vapuleados republicanos haciendo mofa por su supuesta desorganización en el control de las actas. El resultado de la Asamblea fue la creación de una Coalición Republicana, que no llegó a tener mejor suerte en las elecciones que se sucedieron a partir de entonces y si bien consiguieron mantener un mínimo de representación tuvieron que competir también con los incipientes partidos obreros que comenzaron a presentarse a las elecciones a partir de las de 1891.
Los Valles de Hecho y Ansó, siempre fueron ejemplo de la defensa de sus tradiciones liberales y republicanas a lo largo de su historia y el episodio relatado con la participación del cheso Orensanz es digna muestra de ello.







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