Escena recreada mediante IA
Desconozco qué resultado tuvo la denuncia en el juzgado, que probablemente llevaría a una sanción económica tras las mutuas agresiones. Sin embargo, en ésta simple noticia, aparece el nombre de Bienvenido Omella, que nos va a permitir indagar sobre una familia de gran interés en el ámbito pedagógico en Aragón, en aquellos años anteriores al golpe de estado y la dictadura franquista.
Bienvenido Omella, no sólo ejercía como practicante en la localidad de Embún, sino que era igualmente el secretario del Ayuntamiento. Como tal, había ejercido en varias localidades oscenses, siempre acompañado por su mujer, Casiana Ciprián Zavirac que en aquél momento era maestra en la misma localidad de Embún.
Casiana Ciprián Zavirac (su segundo apellido, prácticamente ya extinto y de gran antigüedad que proviene del entorno de Jaca, viene erróneamente publicado en censos o documentos como Zaviriac o Ziviriac) pertenecía a una familia vinculada estrechamente con la educación. Sus hermanos Cándido y Angel Remigio, ejercieron como maestros en Piedramorrera el primero y en Las Páules y Triste el segundo.
Casiana había ejercido su magisterio en localidades como Fago, Martes, Larués, además de Embún. Casada con Bienvenido Omella López, tuvieron 10 hijos, de los que al menos cuatro de ellos siguieron sus pasos y se formaron como maestros, y uno de ellos siguió los del padre y fué secretario municipal. Este último, Atilano Omella Ciprián, estudió magisterio y fué secretario en Sangarrén, Albero, Monzón y finalizó su vida profesional como secretario del Ayuntamiento de Huesca entre 1976 y 1982.
En cuanto a los otros tres hijos dedicados a la enseñanza, uno era Eusebio Omella, otro Pedro Omella y Simeón Omella Ciprián, el famoso maestro de Plasencia del Monte. Simeón Omella había nacido en Losanglis localidad perteneciente a Ayerbe de la que su padre era secretario el 26 de julio de 1895 y ejerció como maestro en Plasencia del Monte durante unos 13 o 14 años. Casado con Mercedes Santafé Bernués, nacida en Plasencia, tuvo seis hijos, Luis, Zoe, Cointa, Manuela, Humbelina y Agueda.
Simeón Omella
Siméon Omella realizó sus estudios de Magisterio entre 1911 y 1915 y era un firme partidario de la renovación pedagógica practicando los métodos de enseñanza del pedagogo francés Celestin Freinet que incluían entre otras muchas prácticas novedosas, la introducción de la imprenta entre las actividades escolares. Las técnicas Freinet buscaban transformar la escuela en un espacio de expresión y libertad para los niños de familias humildes.
Con esos métodos y objetivos así como su militancia (fue el primer presidente de la Asociación Provincial de Maestros de Huesca y afiliado a la UGT) no es de extrañar que tras el golpe de estado militar fascista, tuviera que huir para salvar su vida. Primero lo hizo a Barcelona, donde continuó con su enseñanza y finalmente en 1939 tuvo que exiliarse a Francia, a la localidad de Carmaux en el Tarn, donde vivió con gran escasez de medios, trabajando como administrativo de una mina de carbón en la que trabajaban numerosos españoles.
Su familia quedó viviendo en España en unas dificilísimas condiciones, y no fue hasta 1949 que su mujer y tres de sus hijos, consiguieron la autorización para reunirse con él en Francia. Falleció al año siguiente 1950, de una embolia, sin haber podido ver a sus otros tres hijos, que quedaron en España.
A pesar de su huida, no pudo evitar que se le depurara como maestro (como a miles de ellos, pues fueron un objetivo especialmente perseguido por la dictadura de Franco) y se le incoara un expediente de responsabilidades políticas, que tuvieron que concluir sin ningún efecto ya que no pudieron embargarle ningún bien (no los tenía) y tal como consta en dicho expediente, todo su patrimonio en una cuenta conjunta con su mujer en la Caja de Previsión Social era de 31,83 pesetas.
Su legado pedagógico ha sido recuperado en los últimos años en publicaciones y artículos así como como con la edición del que puede ser el único de los cuadernos realizados por los escolares de Plasencia que queda completo y que estaba en poder de Helena Ruiz Gallán, maestra y natural de Plasencia del Monte.
Da vergüenza ajena, además de gran enfado, leer en el expediente de responsabilidades políticas que se le inició en 1938, las declaraciones en su contra de algunos personajes que destilan odio e incultura Entre ellas, éste comentario del juez municipal Mariano Susín, que emite un informe fechado el 15 de marzo de 1938 (II Año Triunfal) en que en el primer punto dedicado a las peligrosas labores ejercidas por el maestro Ormella, destaca que : "...alguna vez, sobre todo los jueves, sacaba a los niños de paseo y los llevaba al campo con banderas encarnadas (no se podía decir rojas ni para citar a Caperucita) y una vez allí, los hacía parcelar terrenos, sin duda alguna para cuando viniera el reparto de tierras, que siempre soñó el Sr. Omella".
Para comprobar la "terrible adoctrinación" que el maestro Ormella hacía con sus alumnos en esas salidas campestres de los jueves, sirva de ejemplo ésta pequeña redacción, publicada con la imprenta del aula, que aparece en el Libro de los Escolares de Plasencia y que firmaba el niño Manolo Ciprés de 9 años:
Y para terminar, una breves notas sobre el diario en el que aparecía la información del suceso en Embún, LA VOZ DE ARAGÓN. Dicho diario editado en Zaragoza, fue fundado el 27 de mayo de 1925 por Mariano Sánchez Roca, licenciado en derecho por la Universidad de Zaragoza y como cofundador Francisco Aznar Navarro, doctor en historia y de amplia trayectoria preriodística, fallecido prematuramente en 1927.
El periódico, independiente, de vocación regionalista y con una línea editorial republicana y de izquierdas, destacó en su época por su alta calidad gráfica y tipografía así como su calidad de contenidos y diversidad de secciones. Acabó su publicación en septiembre de 1935.
Sirvan estas líneas para el recuerdo de todos aquellos maestros y maestras rurales que se esforzaron por sacar de la incultura a tantos niños y niñas y que pagaron con sus carreras y a veces con sus vidas su esfuerzo y el seguir su vocación, frente a la barbarie y la injusticia del fascismo y sus aliados.
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